El salto de La Novia de Ojós está formado por dos masas rocosas a izquierda y derecha del río, frente a la sierra del Solvente,  que forman un estrecho desfiladero por donde solo cabe el paso del Río Segura.

 

Es un sitio perfecto para admirar el paisaje y ver en todo su esplendor el precioso Valle de Ricote. Olores, colores y sabores,  es lo que más apreciará el viajero. Susurros de agua, aromas de azahar.

El topónimo “Salto de La Novia” procede del latín “Saltus Nuvus” y hace referencia al “Nuevo Desfiladero” (González Blanco 2007, 191) escavado en época romana en la margen derecha de la rocosa montaña para abrir camino hacia el Valle de Ricote.

Actualmente se ha escavado un túnel que hace mucho más accesible la entrada al Valle.

Margen izquierda del Salto de La Novia, donde podemos apreciar la Acequia de Ojós-Ulea extraordinaria obra de ingeniería de hace más de mil años.

En la margen izquierda del Río Segura, En el Salto de La Novia, también podemos admirar el yacimiento arqueológico tardo romano y el Castillo de Oxox (Ojós) una autentica fortaleza situada en lo alto del cerro, "La Pila de la Reina Mora". Todo ello constituye la Rikut mencionada por Ibn Hayyan (m. 1076) en la Campaña de Tudmir. 

La Leyenda del Salto de La Novia

Según lo cuenta Juan Torres Fontes, entre Ojós y Villanueva, y a orillas del río, hay una barbacana frente a la sierra alta de Solvente. La carretera inclinada se acomoda a las irregularidades del terreno, y en el espacio recto comprendido entre dos curvas está el Salto de la Novia.

El nombre de esta parte del Segura, se debe a una leyenda que todavía se conserva junto a otras del tiempo de la Reconquista. Por el lado de Ulea, Ricote, Ojós y Villanueva, se cuentan historias de moros y cristianos: unas dramáticas, y otras heroicas, algunas casi milagrosas, como la que acaeció a dos enamorados y un moro principal, de quien se dice que era rico y poderoso. En este lugar según la leyenda, "saltó una joven cristiana prometida a un joven del lugar tras ser perseguida por un musulmán enamorado de ella. Por estar acorralada en lo más alto de la montaña, saltó y milagrosamente salió ilesa y escapó junto a su amado. Se dice que en la cima de la montaña quedó en la roca la marca de los cascos del caballo del moro, que se paró en seco para no caer por el precipicio".

Según Rafael López de Haro:

“Érase que se era en Ricote una doncella cristiana, bella como las palmas y casta como la flor de los naranjos. Esta perla tenía dueño: un mancebo cristiano con quien se iba a casar. El rey moro de Mula, vio un día a la novia y se prendó de ella. El novio, que lo supo, se dispuso a huir llevándosela, temeroso de que el agareno se la robara. Una noche los desposados montaron a caballo y salieron sigilosos del lugar. Cuando llegaban por aquí cerca, después de haber vadeado el río para despistar al enemigo, vieron que éste, con buen golpe de jinetes, les perseguía. Galoparon sus corceles andaluces; los de los moros, de raza más ligera, corrían más. Les alcanzaron; el novio hizo frente a los infieles; lucharon, fue muerto; eran ellos más… La novia entonces castigó a su potro, que emprendió un galope raudo. El rey moro venía detrás, muy cerca. Cruzaron así estas vegas, los corceles, frenéticos, saltabal de roca en roca, trepaban por la montaña cual ciervos perseguidos; corrían, corrían…Llegó a este sitio la doncella. Da no había más camino; la senda se cortaba bruscamente: delante, el abismo, detrás el moro que llegaba… La novia clavó su acicate en el vientre del caballo y el caballo saltó al otro lado y partió velocísimo, salvando la heroica virtud de la cristiana. Enfrente, unas huellas redondas en las piedras, es la señal donde puso sus cascos el caballo de la novia”  

Otra versión de la Leyenda más triste y dramática del Salto de La Novia:

El lugar conocido como Salto de la Novia en Ojós encierra una antigua y triste historia que explica porque el sitio recibe ese nombre.

“Tenía el comendador de Santiago en Ricote, en la época de la Reconquista, una hija de singular belleza, la cual se enamoró de un oficial cristiano de reconocida valentía en la lucha contra los moros.

Teniendo conocimiento de que una hueste enemiga merodeaba por la zona, partió una mañana el capitán, al frente de sus soldados, en busca del enemigo. Tras varias jornadas avistaron al fin los cristianos a las fuerzas enemigas.

Pasaron la víspera del encuentro descansando en una rambla y planeando el combate que habría de producirse al día siguiente. En lo más cruento de la batalla, se internó el capitán entre las filas enemigas dando muerte a los moros, hasta que, herido, bajó de su caballo y se abalanzó sobre el enemigo para darle muerte, pero a los gritos de auxilio del árabe, acudieron otros que, tras feroz lucha, dieron muerte al aguerrido capitán.

Sin embargo y a costa de numerosas bajas, inclinose, finalmente, la batalla hacía el lado cristiano. Tras sepultar a sus muertos, incluido el valiente capitán, volvieron los cristianos jubilosos por la victoria obtenida. La hija del Comendador esperaba la vuelta de su enamorado, y desconsolada al saber de su muerte, corrió a refugiarse en sus aposentos.

En el castillo, en cambio, fue noche de celebraciones por el triunfo obtenido. Al recordar sus compañeros de armas la pérdida del capitán, les vino también el dolor de la joven acudiendo entonces en su busca y no encontrándola.

Se supo después que, con el sentido perturbado por la pérdida de su amado, vagó por los campos en busca de su cadáver sin hallarlo. Desconsolada, se arrojó desde la alta quebrada que encauza el río hallando la muerte entre los torbellinos de las aguas”

Desde entonces ese lugar es conocido como "El Salto de la Novia".

JJ Banegas